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exposición

Luis Mayo – Viaje por las capitales de España

A partir del 10 de septiembre

En 2015, la galería Estampa me propuso un ambicioso proyecto: pintar una vista  de todas las capitales provinciales de España, siguiendo la estela de los artistas decimonónicos que recorrieron la piel de toro con esta encomiable misión. Mi mala cabeza me llevó a gastar la mitad del generoso anticipo que me había entregado Manuel Cuevas. En 2020, me dí cuenta de que necesitaba un hilo conductor que uniera todas las ciudades que iba a pintar, un leitmotiv: «la luz de cada ciudad, un destello propio que distinga cada urbe, y la gama de colores que al tiempo la relacione con la particularidad de las restantes». Con esta intención empecé mi aventura; inspirado por los viajeros que completaron este periplo antes que yo. Pensaba en David Roberts que recorrió España entre 1832 y 1833, con su visión romántica, en la que el paisaje se convierte en un estado de ánimo arrebatado. Seguí el ejemplo de John Frederick Lewis, con sus escenas costumbristas que cuentan un alambicado episodio nacional. Me inspiraba Genaro Pérez Villaamil y su concepto de paisaje verosímil.  La diosa Minerva aconseja a Lady Louisa Tenison que represente las ciudades de nuestro país como las perlas de un tesoro amable para quien lo contemple. Siguiendo los pasos de esta pintora dieciochesca, me puse en camino.

ANDALUCIA

Almería 

Almería me cautivó al entrelazar la imponente fortaleza de su Alcazaba medieval con el sosiego dorado y salvaje de las playas de Cabo de Gata. Pinté su plaza municipal, cuajada de palmeras. Mirando hacia Abla, Abrucena y Fiñana, la luz crea una escalera que permite alcanzar la luna.

Cádiz 

Sobre el bello Arco del Pópulo un retablo mariano lucía el lema Ora pro pópulo. Quise pintar el dorado de la arena de la playa de la Caleta, el oro solar de la cúpula de su Catedral y el encanto amarillo de las vistas panorámicas desde la Torre Tavira. Un son flamenco en las torres miradores se mezclaba con un dulzor habanero en Puerta Tierra.

Córdoba

Buscando un verdadero arcángel, pinté la ciudad de Córdoba desde el puente. El Guadalquivir parecía el ala de un águila acariciando los cimientos de la mezquita catedral. La esencia de Córdoba se condensaba en el azahar de sus patios floridos, en el círculo vertical de la noria inmensa junto al río. El agua a veces canta por soleás, otras por alegrías.

 Granada 

Me rendí al pintar el más hermoso atardecer, en Granada.  La imponente Alhambra y sus Palacios Nazaríes custodiaban desde lo alto el laberinto rosa del Albaicín y el rojo bermellón del Mirador de San Nicolás. El latido renacentista de su Catedral se convierte en zambra contra la eterna nieve de Sierra Nevada.

Huelva

Con razón llamaban a Huelva La ciudad de la luz del Sur.  Al pintar la cuna del flamenco, me enfrentaba a la antigüedad fenicia, tartésica, romana. El azul marinero de su barrio obrero contrasta con el añil regio de la plaza de las Monjas. El Muelle de las Carabelas me invitaba a dibujar bajo la luz dorada de su ría, con un rumor de fandangos naturales.

 Jaén 

Un palafrenero me cuenta la leyenda del Lagarto de la Malena. Pinto este dragón, la representación viva del Pico Mágina. Jaén entrelaza la sombra púrpura de su catedral, el amatista de su castillo y el magenta oculto en sus baños árabes. El ejército de olivos que enmarca la ciudad me recordaba versos de Antonio Machado.

Málaga

Pinto desde la calle Larios, engalanada.  La pólvora en el aire provoca un aura sobre la catedral que permite vislumbrar, por un segundo, su torre inacabada. Dibujo la brisa de Málaga entre la Alcazaba y el Teatro Romano. El aire es azafrán en la Aduana, caléndula en el Castillo de Gibralfaro.

Sevilla

Pintar el Guadalquivir a su paso por Sevilla consiste en convertir la luz en un brocatel: la Giralda es una espada de rojo óxido de hierro, la Torre del Oro es un castillo cubista de ocre amarillo y el perfil de la ciudad es un león dormido que respira suavemente. Mientras dibujaba el puente de Triana, unos nadadores saltaban desde una barcaza.

ARAGÓN

Huesca 

Mi búsqueda de la luz oscense es una gama ceniza, amarillo pálido y rojo veneciano. Un resplandor sublime me llevó a pintar la catedral de Huesca: retraté el fenómeno óptico del óculo de la capilla mayor, diseñado para que el sol ilumine el altar solo durante los equinoccios.

Teruel  

Coloqué mi caballete ante la Escalinata turolense: me pareció un abrazo monumental de ladrillo rojizo y cerámica vidriada que ascendía como una llamarada hacia la ciudad antigua. Es un puente entre dos mundos: la herencia mudéjar, en pardos bermellón, se funde  con el almagre en la forja modernista de sus luces.

Zaragoza

En Zaragoza quise enlazar el majestuoso gris marengo de la Basílica del Pilar, el rojo arábigo del Palacio de la Aljafería y el azurita claro de los edificios vanguardistas de la Expo del 2008. Con azul de ópalo conecté el casco histórico con el fluir calmado del río Ebro.

CANTABRIA

Santander

La secuencia de grises del puerto de Santander abraza el Palacio de la Magdalena, corona la línea del Siboney, llega al Centro Botín, que dialoga con el mar y resguarda el alma marinera del Barrio Pesquero. La Grúa de Piedra contrasta con el inefable lapislázuli de esta tarde en la que se adivina la lejanía celeste de los Picos de Europa.

CASTILLA-LA MANCHA –

Albacete

Abocetando el bullicio ferial de la Plaza de Toros, me sorprende la forma de llave airosa del Recinto Ferial. Dibujo la filigrana  viva del Pasaje de Lodares y el remanso verde del Parque Abelardo Sánchez. Pinto la Plaza del Altozano: custodia un refugio antiaéreo de la Guerra Civil. Conservado e integrado,  hoy sirve como Oficina de Turismo.

Ciudad Real

Pinté el Ayuntamiento de Ciudad Real en abril: diseñado en 1974 por Fernando Higueras, realizó el proyecto en solo 14 días.  Mientras yo dibujaba sus crestas, pensaba en los molinos de viento que don Quijote confundió con gigantes.

Cuenca

Desde el Parador de Cuenca, antiguo convento de San Pablo, sentí el «vértigo de la primera vez». Al asomarme desde sus ventanales, la panorámica de las Casas Colgadas y el abismo de la hoz del río Huécar me dejaron sin aliento. Los integrantes de El Paso se dejaron llevar por el vértigo de esta belleza.

Guadalajara 

Pasé el mes de septiembre abocetando el Palacio del Infantado. Escenario de la boda de Felipe II e Isabel de Valois, su Patio de los Leones es una gama de verdes oscuros y pardos de hierro. Mientras pintaba el encaje pétreo de su fachada, me pareció escuchar la música cortesana de entonces.

Toledo

El cicerone del Zocodover me contó que en 1911, un grupo de turistas llegó al Mirador del Valle buscando el mar,  confundiendo la inmensidad del horizonte castellano con el océano. Pintar la Ciudad Imperial como si fuera un cuerpo desnudo: la Catedral Primada, el Alcázar y el Monasterio de San Juan de los Reyes, abrazados por la curva del Tajo.

CASTILLA Y LEÓN

Ávila

El frío junto a la basílica de San Vicente  me obligaba a seguir pintando la ciudad de Santa Teresa, Ávila radiante. Imaginaba caballeros velando sus adargas en cada almena de la muralla, princesas de armiño y tafetán en los palacios renacentistas. Un paseo alrededor de la ciudad amurallada me hizo soñar con la Jerusalén celeste.  

Burgos 

Comencé a pintar desde El Paseo del Espolón, un tapiz de verde sirio. La Catedral de Santa María es un encaje de piedra gris marfil, sus agujas góticas parecían líneas de tiza plateada contra un cielo de azurita. El Castillo protegía un damero de tejados en rojo de molibdeno.

León

La Pulchra Leonina te sale al encuentro, como si una montaña gótica de acantilados de cristal coloreado surgiera del suelo. Las vidrieras extienden su hechizo hasta Real Colegiata de San Isidoro, Capilla Sixtina románica. En la Casa Botines -de Gaudí- las sombras se rompen en otro calidoscopio. En León, la luz se convierte en rompecabezas de hermosura

Palencia

La urbe de Tierra de Campos me pareció una sinfonía de colores cálidos: carmín oscuro velado con blanco de plomo para «la bella desconocida», la catedral de Palencia. El rojo índigo suaviza con gris argento las afueras palentinas, el Cristo del Otero es una presencia broncínea. Pinté la gama en negro que dibuja Unamuno en su poema al Cristo Yacente de santa Clara.

Salamanca

Pinté la ciudad universitaria, donde el Marqués de Villena perdió su sombra, robada -no por Lucifer- por la luz dorada de Castilla. Intenté descifrar todos los vítores bajo la silueta de sus dos catedrales. En la Plaza Mayor disfruté de un delicioso hornazo regado con un alegre tempranillo rufete.

Segovia 

Enrique IV de Castilla mandó erigir esta ermita, ahora rodeada de cruces de piedra, en el siglo XV. Pinté Segovia desde la Piedad: la luz blanca se materializa en su acueducto romano, en su catedral gótica y en su alcázar medieval. La luz blanca crea en Segovia una sola silueta inolvidable.

Soria

Pintar es Soria es recordar poetas: tras cruzar los arcos de San Juan de Duero, coloqué mi lienzo ante la Biblia esculpida en la fachada de Santo Domingo. El Palacio de los Condes De Gómara me recuerda el misterio de las leyendas de Bécquer, los poemas de Machado, las canciones de Gabinete Caligari.

Valladolid

Valladolid es una tesis sobre el color rojo: toda la plaza está pintada de almagre, material clave de su construcción tras el devastador incendio de 1561. El fuego abraza la elegancia de la Plaza Mayor, la majestuosidad de la Iglesia de San Pablo y el mayor tesoro del mundo: el Museo Nacional de Escultura.

Zamora

San Atilano, patrón de la ciudad, arrojó su anillo sagrado al Duero como símbolo de humildad. Tras años peregrino, su alianza episcopal le fue devuelta por un pez que le sirvieron para comer. Pinté la luz argenta de este río y los reflejos de gris velazqueño de la catedral románica.

CATALUÑA

Barcelona 

En mi cuadro aparece Barcelona desde el Park de Eusebi Güell, a la vera de los mosaicos de trencadís de Gaudí. El genial arquitecto construyó una atalaya para pintar los colores de la ciudad:  azul mediterráneo para las olas del Puerto Olímpico, perla modernista para la Sagrada Familia y grana moteado para  el alma del Barrio Gótico.

Tarragona 

Al pintar la Rambla Nova, una pescadora me contó que, en 1850, al planificar esta avenida, los concejales se dividieron en dos bandos irreconciliables. Los veteranos querían la Rambla paralela a la costa para protegerse del fuerte viento. Los jóvenes la exigían perpendicular, con vistas al Mediterráneo.  El color azul cobalto que engalana el aire celebra el triunfo de los jóvenes.

Lérida 

En Lérida me conmovió la densidad de la luz alrededor de su catedral. En las afueras, unos niños jugaban con cometas que se enredaban en el aire. Mientras pintaba,  más que tañer cantó la Mónica: esta hermosa campana gótica esconde -entre su rica ornamentación-, un balazo de 1808,  una abolladura en forma de corazón.

Gerona

Gerona me enamoró al entrelazar el pardo escarlata de las Casas del Oñar con el ámbar cerúleo de las escalinatas de su Catedral gótica. Dibujé, olvidado del tiempo, el sepulcro de Ermessenda de Carcassona, la noble dama que donó cien onzas de oro para la construcción de la catedral románica. La gama áurea se adueñó de mi paleta.

CIUDAD DE CEUTA

Ceuta

Como el sultán Muley Ismael, asedio la ciudad fuerte con mis pinceles:  Ceuta es  beige cacao en su costa deslumbrante, barniz castaño en las Murallas Reales, gris chocolate en el Foso de San Felipe. Una gama de ocres tostados extiende un puente de belleza entre dos mares.

CIUDAD DE MELILLA

Melilla 

Intento pintar Melilla como un crisol que fusiona la belleza modernista de sus fachadas con el imponente abrazo de su ciudadela medieval junto a la costa. Un anciano zahorí me cuenta la leyenda de la sirena del Estrecho, una criatura enamorada del mar que encontró la paz en los arrecifes de Melilla.

COMUNIDAD DE MADRID

Madrid 

Pintar el skyline de Madrid es enfrentarse al mar de tejados rojizos del Madrid de los Austrias, la cúpula de la Catedral de la Almudena, la inmensidad del Palacio Real y el verdor infinito del Parque del Retiro. Estaría dibujando eternamente este horizonte.

COMUNIDAD FORAL DE NAVARRA 

Pamplona

Pamplona entrelaza la sombra tostada de sus murallas medievales y el beige cobrizo de su catedral gótica.  Hice bocetos con la vibrante energía verde jade del Parque de la Taconera. Al pintar el ayuntamiento, imaginé un sueño cubista bajo el lema .Patet omnibus janua, con valde magis. La puerta está abierta para todos, pero el corazón mucho más. Es el alma navarra.

 

COMUNIDAD VALENCIANA

Alicante 

Para el pintor, Alicante es una corona a la sombra del Peñón de Ifach. Esta mole calcárea emergió como un castigo del dios Neptuno hacia un malvado genio, atrapándolo dentro de la roca. Mientras dibujaba la ciudad de Alicante, el peñón amaneció con niebla y una dama misteriosa me dijo: «es el genio intentando escapar».

Castellón de la Plana

Pinté el torreón soltero, El Fadrí: el campanario municipal del siglo XV situado en la Plaza Mayor es una figura que custodia la cercana catedral, que me pareció un libro abierto. En una terraza alegre, a la sombra de palmeras centenarias, disfruté del mejor bocadillo del mundo, que aquí llaman Ximo.

Valencia

Valencia desde las nubes: la ciudad del Turia me cautivó al enlazar la vanguardia futurista de la Ciudad de las Artes y las Ciencias con el encanto histórico de su Catedral. Los patrones de los arbotantes góticos me recordaron los arcos de los parterres de los Jardines del Turia.

EUSKADI

Bilbao

El titanio reflejaba con tonos plateados la ciudad que engalana el Nervión. Pinté la silueta del Guggenheim recordando el dibujo que bosquejó Frank Gehry sobre una servilleta. Pensé que estaba en un espejo dentro de otro: la ría reproducía Bilbao reflejado en el caparazón metálico del Museo.

San Sebastián

Fijé mi caballete junto a la única flor puesta al revés de la barandilla de la Concha. Sus hermosos pilares blancos, al mirarlos de frente -con la vista fija- me provocaron un efecto de ondas, como si las olas del mar contagiaran sus movimientos al mobiliario urbano. La intensa luz del norte teñía de añil los nobles muros del Ayuntamiento.

Vitoria 

En Vitoria pinté la plaza de la Virgen Blanca. Los reflejos de las ventanas dibujaban un triángulo brillante donde se eliminó la antigua fuente neoclásica. En ese punto se perforó el suelo en busca de agua mediante un pozo artesiano: imaginé un río de agua cristalina y subterránea bajo el altar de la iglesia de San Miguel Arcángel.

EXTREMADURA

Badajoz  

La Plaza Alta es el corazón histórico de Badajoz. En 1899, se construyó en su interior un enorme mercado cubierto de hierro. Tras décadas en desuso, en 1970 la estructura se desmontó y se trasladó al campus universitario. Feliz con esta vista, mi premio fue un plato de caldereta.

Cáceres

En la cercana y concurrida Plaza de San Juan, destaca la estatua de Leoncia Gómez Galán, la última vocera del Periódico Extremadura. En mi cuadro aparece la Plaza Mayor de Cáceres, nacida en 1200 como un terraplén extramuros para la feria anual y mercadillos. Su ligera inclinación es un placer para el dibujante atento.

GALICIA

Lugo

Coloqué mi caballete en la muralla romana,  dibujé cómo abraza su casco antiguo que resguarda la imponente Catedral de Santa María, el puente romano sobre el río Miño y el místico trazado del Camino de Santiago. Las sombras malvas me hicieron soñar con Oqu, hijo del dios Marte, que según la leyenda, se refugió en el interior de Lugo.

Santiago de Compostela

Con mi pintura intentaba captar la majestuosa catedral románica unida a la grandiosidad barroca de la Plaza del Obradoiro.  La luz se quebraba en un degradado turquesa en el Hostal de los Reyes Católicos,  serenándose  en el parque de la Alameda, que coronaba con piedra labrada el fin del milenario Camino de Santiago.

La Coruña

Mientras mezclaba los colores en mi paleta, pensaba en la altura vertiginosa de la Torre de Hércules. El mar azul aciano se reflejaba en las galerías de cristal del vecindario, mientras que las olas de color verde veronés batían contra el paseo marítimo, de un cerúleo perlado. La silueta del Castillo de San Antón teñía de verde cinabrio el fondo del cielo.

 Pontevedra

Nada más blandir el pincel, la ciudad de Pontevedra se concentró en la Peregrina, erigida en honor de la celestial viajera que partió de Éfeso para visitar la tumba del apóstol. Cuando crucé el Ponte Vetera ví la hermosura que yo estaba intentando pintar como una armonía de gris de Payne y verde persa.

Orense 

Desde As Burgas, divisé los manantiales de agua hirviendo en pleno centro. El Pórtico del Paraíso de la catedral orensana competía en belleza con la ingeniería histórica de su Puente Romano, mientras el misticismo del claustro de San Francisco y la serenidad de los templos de As Caldas y la Trinidad se transformaban en una gama de amarillos de cadmio.

ISLAS BALEARES

Palma de Mallorca 

En sus salas medievales hay decenas de graffitis renacentistas, pintados por forajidos que huían de la justicia y se refugiaban allí, acogiéndose al derecho de asilo sagrado. Antoni Gaudí se sintió tan abrumado por la belleza del templo que durante días solo fue capaz de mirar el mar. Yo tampoco puedo pintar durante los primeros días, solamente miro la playa.

 

ISLAS CANARIAS

Las Palmas

Quién pudiera quedarse para siempre en  Las Palmas de Gran Canaria: un pescador me cuenta el origen de los coloridos riscos, los barrios de laderas, el de San Juan. En el siglo XVII, los marineros utilizaban la pintura sobrante de los cascos de los barcos para decorar sus casas, dándole a la ciudad su icónico paisaje multicolor. Quién pudiera vivir aquí para siempre.

Santa Cruz de Tenerife

Mientras pintaba esta hermosa ciudad, un joven librero me contó que Agatha Christie, durante un bloqueo creativo, viajó hasta aquí. La luz centelleante, el contraste de las casas blancas contra el azul acero del Atlántico y la exuberancia de las palmeras le devolvió la inspiración. Quien viaja a las Canarias, encuentra en Santa Cruz de Tenerife el sosiego alegre del puerto seguro.

LA RIOJA

Logroño

Coloqué mi caballete en la orilla del Ebro, cerca del bello puente de hierro que mandó construir Don Práxedes Mateo Sagasta. Logroño entrelaza el azul zafiro de la Concatedral de la Redonda y el tenue púrpura del Camino de Santiago que se estrecha cerca de la calle Laurel.

PRINCIPADO DE ASTURIAS

Oviedo

Pinté la catedral de Oviedo desde la escultura dedicada a La Regenta. Descubrí un brillo sorprendente en las vidrieras de la catedral ovetense. Procedía del interior, donde se atesora la tinaja de piedra, llegada desde Israel -comprada en Caná- en la que Cristo transformó el agua en vino en su primer milagro.

Gijón

En el Puerto de Gijón desembarcó Mata Hari durante 1917. Mientras pintaba el juego de colores en las fachadas de El Musel, imaginé el negro intenso del carbón que se exportaba por miles de toneladas contrastando con el verde esmeralda del Cantábrico. Me pareció ver el fantasma de la famosa espía junto a la escultura de Chillida.

REGIÓN DE MURCIA

Murcia

Los alrededores del Teatro Romea de Murcia se convirtieron en un reto para mi pintura. Marie Curie visitó esta ciudad, como atestigua una placa en el Hotel Victoria. La luz era tan hermosa que inundaba el aire como el aroma de los naranjos en flor. La fachada de la Catedral me pareció la antesala del cielo, las puertas del paraíso cerca del Real Casino, junto al Segura.

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